11.7.08

¡Ay desgraciada mente!

Culpa indígena retiene líquidos estancados en el firmamento ideal de la ruptura distante. Monocorde se acuerda de la última ocasión en la que el señuelo se había diferido en el alegórico retrato; compuesto de sorbos y malecones, no hay más respuesta que un cortejo fúnebre estudiado plenamente bajo los auspicios de una Gran Logia interactiva.
Para quienes se escabullen por entre los desafíos, sépanse que la mejoría individual no proviene de la fusilada entonación global, sino de la adecuada mensajería del tono; disímil o compasivo, el despertador vino a recordarnos a todos que la desesperación apenas tenía final; mas el acostumbrado paladar se sobrepone a la angustia floral, y el gobierno del cambio funciona, como la sección desdoblada del color verduzco, a la perfección amorosa bajo el sol que canta.
No puede ser, entonces, que con la pena uno se establezca como su antídoto: así hacen solamente las supernovas y han generado espacio vacío; tanto, que hay más espacios que palabras en este breve tránsito; ¿o existe la misma comprensión a través de lo que pienso?
Desgraciada mente que invoca serial mente o proporcional mente o cumplida mente que indica: el camino es allá: el aminoácido es allá: el camino ácido es allá: señalamientos y conversaciones ignoradas por el procreador vacío del lingüista primordial.
¿Es la calendarización de ornamentos la primera razón por la cual el alfanje discorde provee elucubraciones marinas cuando el comendador se adhiere a la piel un trocito de bambú?
¿Han incurrido en blasfemias los proveedores de agriculturas más iridiscentes que el llano anecdótico de lo cierto?
¿Poseen glóbulos blancos si el comienzo de las pasas no se ha iniciado esperanzado en que la remembranza de un subrepticio final sea cierto?
¿Alguien ha pasado por Alto?
Como una respuesta y eructo; pues nada hace tan mala digestión al esfínter que un pretendiente inclusive; o la llanura se levanta en ti nieblas, como corre o actor destilo.
Aficionado, sabe que las rondas alimentan cumbres sacramentales y sobreviven solamente debajo de los peces y la escueta voz marina.
El hado de frambuesa.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

porque nadie meco mienta por su puesto que no se sabe lo todo; pues si es tu viera acá, rezando por su patria, no me es cabullo si me nombro paquistán o floripondio.
Re la mi do no ocupo otra premeditación que el accionar insulso de la palanca de velo cidades; ignoro lo con ve niente. Rozadura de pañal estructurado. Cabello y tractor no son capaces de romperme la mandarina en callos. Igual y cada vez que se adviene se lleva de a cuerdo con su propia conexión de alta nomenclatura fugaz.
De ahí a la córnea, me importa un vaso el comentar los promiscuos talabarteros que se han disuadido de ser peces, nada más por obturarse de lejos el ratón vaquero.
No me ignoro; pues meo olvido sin razón.
¿Alguien cunde la boca desde abajo para opinar?

Anónimo dijo...

con chaqueta verde y pantalones de cuero, la avispa se ha enlazado con los beneficios absolutos de la razón sincrética. Le ha golpeado en los cajones y se ha salido por la tangente sin que se le descubriera el primer uso infantil de la verborrea aristócrata que denomina al ser do con la procreación infame de lo anecdótico.
Parecería cierto que, después de tanto navegar por el lodo de la mar que augura, se detuvieran a pensar en los primeros operarios físicos que habían desgajado el desierto con sus pañales ambientales y la ambivalencia propia de la metonimia antigua.
Sin embargo, con suficiente espero o comicios inconmensurables se distraerá el anfibio y podrá, en ocasiones menos pletóricas que un socarrón de sotavento, taladrar el moho invierno con la acumulación heroica del travesti proaico que mencionó, de paso, ¿discurrí entonces lo diseminado al polvo?
nada se me escapa si no llevo pantalones; dice el dicho; y que hable el vocablo, pues lleva cera en el presagio, y ya tendrá corazonadas para promover lo insano sin que se le despierte el arredondo en las narices infames.
Gloria y Eterno al señor Pobre.
Ban-go

Anónimo dijo...

Sor prendí una vez más la ambigüedad que corre desde la pared engomada y se escurre bajo la línea efímera del trozo de canto. Ya caben despiadadamente los primeros halcones y la materia prófuga y distante acorde tiende a conmemorar, entre los dedos, la primera comunión de la hermana chula. Mas la corrección del pistilo incluye bergamota en el antro y compensa con suavidad los ritos fúnebres de la razón alienígena. Ya tendría máscara con qué atender a los primeros.
Vago incauto: roce salvaje y silvestre prosaico que, después de haberse enlodado con el sueño, discurre trajes alegóricos y concluye, ceremonioso, que la distancia entre dos puntos puede trazarse en hermanas sangrientas y cópulas fúnebres de prosaico feroz antiguo.
Por eso escapa pronto. Y vaga; aunque no come demasiado pan en la camisa. Destruye sus primerísimos nocturnos y, ya después, podrá engomarse la cabellera o sustraer el sustrato elegante de París profuso.
Adhiero